Exposición de juguetes abusados frente al Congreso de los Diputados

Vicky, Miguel Ángel y Gloria

Ayer Miguel Ángel Hurtado, promotor de la campaña para que los delitos sexuales a menores no prescriban en España ha entregado más de 306.000 firmas que ha conseguido a través de su petición en change.org a los miembros de la Mesa de la Diputación Permanente del Congreso de los Diputados.

Miguel ha pedido a los partidos políticos “un compromiso electoral” de cara a las próximas elecciones, para que “los delitos sexuales a menores no prescriban en nuestro país”. Junto a Miguel han estado Vicky Bernadet, presidenta de la Fundación Vicky Bernadet, y Gloria Viseras, ex-gimnasta olímpica. Ambas sufrieron abusos sexuales en su infancia.

Y junto a ellos, dos urnas que contenían estarán juguetes reales procedentes de niños y niñas abusados en España.

El impacto de la campaña tanto en medios como en incidencia política ha marcado la diferencia. Elmundo.es, eldiario.es... Todos los partidos se han posicionado a favor de revisar la ley.

El hecho que no prescriban los delitos de abuso sexual infantil es muy importante. Por un lado, por el efecto reparador en las víctimas y por otro lado, como medida preventiva, dado que ponemos a presuntos pederastas en la calle de una manera consciente, explica Bernadet.

Miguel Ángel Hurtado fue abusado por un sacerdote cuando tan sólo tenía 16 años. El 7 de marzo de 2016 puso en marcha la petición www.change.org/noprescribe con la que ya ha conseguido el apoyo de más de 306.000 personas en poco más de dos meses.

Durante demasiado tiempo, los delitos de pederastia han sido un tema tabú en nuestro país. Es hora de romper el silencio. Por el bien de nuestros niños, los ciudadanos tenemos que demandar a las instituciones que pongan la lucha contra el maltrato infantil como prioridad de la agenda política.

LOS JUGUETES

En primer plano, el Hada de Vicky. Detrás, el payaso y la comba.

Objeto 1: anillo. Anónimo.

Mi padre abusó de mí por primera vez cuando tenía cinco años. Es un recuerdo difuso a diferencia del que tengo de la Semana Santa de mis 10 años.

Tenía mucho medio, estaba nerviosa, no quería estar sola con él y no paraba de sollozar. Para calmarme me dio para beber medio vaso de agua del Carmen y me metió en su cama.

Al principio creía que era un sueño, pero el asco me devolvió a la realidad. Estaba violándome, acto que fue repitiendo cada semana. Era su derecho, por ser suya por no ser nada.

Esos cuatro días solos en la casa de veraneo, fueron suficientes para dejar de ser niña y convertirme en su sirvienta, amante, confidente y cómplice. Seguí sin rechistar la nueva realidad que dibujó para mí, con miedo y mucha culpa.

Llegó la adolescencia y con ella la valentía, aunque no fui capaz de romper con el silencio ya que la culpa me tenía atada al secreto, pude empezar a despedazar el monstruo, un monstruo ser de cartón piedra. Solo gané añadir más culpa a mí culpa.

A mis 47 años  por fin “la” he abandonado, gracias a muchas ayudas, pero sobre todo por qué he roto con el silencio.

Objeto 2: payaso. Anónimo.

Padecí abusos por parte de mi abuelo materno de los 4 a los 12 años y he sido consciente de ello a los 43. Él, con su autoridad, sus juegos, sus canciones y sus trucos, ahora sé que me robó la infancia y distorsionó mi vida, mis emociones, relaciones sociales, mi intimidad, hasta hoy que tras un proceso de casi cuatro años he podido entender, encajar, sanar y aceptar.

Los efectos de los abusos en las víctimas son múltiples y no prescribirán a lo largo de nuestras vidas. Mis padres, mi familia, los médicos, no supieron protegerme de él, tampoco tras dos intentos de suicidio (a los 9 y a los 11 años) y una huida de casa a los 15. Yo era la rebelde, la huidiza, la mentirosa, la loca, la mala y otros calificativos siempre negativos y yo, solo quería despertar en otra familia.

En cuanto llegué a la mayoría de edad, pude alejarme y empecé a trazar mi vida. Me convertí en una superviviente fuerte y persistente, hasta los 40 que a través de haber sido madre comprendí mi inocencia a través de la suya, logrando así el escalón que me faltaba, curarme. Gracias Marina, por ti!

Objeto 3. Hada. Vicky Bernadet.

Mi nombre es Vicki Bernadet y fui víctima de abuso sexual de los 9 a los 17 años, aunque no lo revelé hasta los 34. El momento de la revelación, como en la mayoría de los casos, supuso enfrentarme a dos realidades: la dura reacción del entorno más próximo y la inexistencia de recursos especializados dónde acudir para encontrar ayuda.

Después de hacer públicos los abusos fundé la entidad que ahora presido con el objetivo de ofrecer una atención integral y especializada a las víctimas directas e indirectas de abusos sexuales en la infancia.

Objeto 4. Comba. Anónimo.

Podría escribirles sobre el miedo, el asco, la incomprensión, el peso y la responsabilidad de satisfacer el sentimiento de abandono por parte de mi familia o el amor que sentía por mi abuelo durante los 7 años que duraron sus abusos. Imaginen que contradicción de sentimientos a los 3 años, cuando tu abuelo es parte de ese mundo de héroes que creemos que es la familia.

Podría escribirles sobre lo horrible de usar ese poder, esa autoridad, para robarle la infancia y la libertad a una niña; pero déjenme contarles lo que sigue a esa pesadilla ‟momentánea”, lo que considero el verdadero delito de mi historia.

Y es que la incapacidad de comprender lo que sucedía y el temor de contarlo por no destrozar mi familia, hizo que aceptara las circunstancias, que complaciera todos sus deseos, que me tragara el odio, el asco y el llanto, y creara un muro alrededor de mis emociones para no sentir dolor, para intentar disfrazar que mi abuelo robó toda mi inocencia e hizo que a mis 24 años aun sienta la necesidad de complacer, siga luchando contra mi misma para no buscar la aprobación desesperada de los hombres que me importan, para que la culpabilidad deje de acecharme, paraque la falsa creencia de que no merezco ser querida deje de acompañarme y, por fin, algún día, pueda vivir libre del desgarro psicológico que él creó y del que yo intento sanar cada día.

Eso es el verdadero delito.