Las víctimas de la Love Parade siguen sin tener un juicio

“Siento envidia del Madrid Arena”. Con esta dureza habla el padre de Clara Zapater, una de las dos víctimas españolas que perdieron la vida ahora hace seis años en la tragedia del Love Parade. “Siento envidia porque nosotros, un país periférico, hemos sido capaces de enjuiciar la tragedia del Madrid Arena en cuatro años”. Puede sonar imposible: pero tras el Love Parade de Duisburg, donde murieron 21 personas y más de 600 resultaron heridas, no hubo un juicio. Y sin juicio, cerrar las heridas es una tarea complicada.

Hoy viernes Francisco Zapater viaja junto a su mujer, Nuria, y junto a los padres de Marta Acosta -Faustino y Agustina- a Düseldorf. “Hace seis años, recibimos una llamada del Cónsul de Düseldorf. Vuestra hija ha fallecido. Estaba en el Love Parade. Nosotros no sabíamos que ella iba a acudir a esta fiesta. Tampoco que estaba con su amiga Clara, quien también perdió la vida. Se nos paró el mundo. A partir de ahí vinieron cuatro días de pesadilla. Nos desplazamos al lugar, a recoger a nuestra hija. Pensábamos hacerlo una semana después porque era cuando terminaba su Erasmus” - explica este abogado penalista de Tarragona. La visita que hoy comienza en Alemania tendrá un momento especial el próximo lunes 25 de julio. Allí las familias de las 21 víctimas mortales entregarán, en el Tribunal de Düseldorf, las más de 357.000 firmas que han recogido a través de Change.org. ¿Qué piden? Muy sencillo. Justicia. O más específicamente: un juicio. Porque las víctimas de la Love Parade siguen sin tener un juicio. “Queremos entregar esas más de 357.000 firmas para intentar llegar a la sensibilidad del Tribunal, y hacerlo al margen de los procesos de apelación. Para que tengan un poco de sensibilidad, y entiendan que es meter más de un millón y medio de personas, en un espacio donde sólo caben 200.000 personas, es una imprudencia temeraria. Cerrar el caso sin hacer un juicio hiere la sensibilidad de 357.000 personas que nos están apoyando”.

El tribunal de Duisburg, donde tuvo lugar la tragedia, cerró el caso. Lo supieron cinco y años y medio después de la tragedia. “Fue un segundo golpe para nosotros” - explica el padre de Clara. Ahora apelan al Tribunal de Düseldorf. “Sabemos que las firmas no vinculan, pero si el Tribunal debe interpretar la ley, en un contexto social, aquí tiene la prueba de que cientos de miles de personas piden que exista ese juicio”.

En su opinión en esta tragedia hay tres culpables principales: el dueño de la empresa organizadora del festival, “que antepuso su lucro personal a la seguridad de los jóvenes”. En segundo, “un tonto útil, el alcalde de Duisburg, que se dejó llevar por las presiones de la empresa y no suspendió el festival pese a que apuntaba a tragedia. El año anterior - recuerda - se llegó a cancelar en la ciudad de Bonn porque se iba a sobrepasar el aforo. Y en tercer lugar, las fuerzas de seguridad, que cerraron las puertas y taponaron varias salidas”.